El Blog de Susana Pataro

Informacion y Reflexiones

Jane Goodall en Argentina – V

Jane Goodall: “Quizás nunca comprendamos la diferencia de comportamiento entre poblaciones de chimpancés, simplemente porque se están extinguiendo”

La primatóloga británica llegó a Córdoba para recibir el Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba. En una entrevista exclusiva con Hoy la Universidad y el programa U-Diversidades recordó su primera observación, evaluó el impacto de sus estudios en diferentes disciplinas y bregó por las acciones individuales para la protección de las especies. En sus palabras, lo excitante de estudiar los chimpancés es que “nunca se sabe lo que se va a descubrir”  [23.10.2009]

 Boletin Universidad Nacional de Cordoba

Quien se haya aproximado, al menos de forma tangencial, a los estudios comportamentales sobre chimpancés en su hábitat natural, ineludiblemente habrá recalado en el trabajo que desde junio de 1960, y durante cuatro décadas, Jane Goodall llevó adelante en Gombe, Tanzania, en el este de África.

Esta primatóloga británica no sólo subvirtió los estándares monolíticos del método observacional de la Etología, al asignar nombres en lugar de números a los chimpancés que eran su objeto de estudio y establecer con ellos una relación de empatía, sino que protagonizó un abanico de descubrimientos científicos que revolucionaron la forma de comprender a estos simios y su relación con el hombre.

janegoodall

Lady Chimpancé, como también se la conoce, logró reconocer en estos primates un amplio espectro de habilidades cognitivas. Descubrió que los chimpancés utilizan herramientas rudimentarias para proveerse alimento, tales como deshojar una rama y utilizarla para extraer termitas de su nido; establecen relaciones de amistad con otros miembros de su grupo; tiene memoria y son capaces de mantener actitudes sumamente agresivas para defender y extender su territorio. Sobre este último punto, la especialista observó la “guerra” que durante cuatro años mantuvieron dos grupos de chimpancés, la cual concluyó con el aniquilamiento de la totalidad de miembros de uno de ellos.

Complementariamente, también derribó la creencia de que estos simios son fundamentalmente vegetarianos, ya que a partir de sus observaciones pudo establecerse que se organizan para cazar animales pequeños y devorar su carne.

Desde 1986, Goodall pasa la mayor parte del año proclamando la urgencia de resguardar la biodiversidad y proteger las especies en extinción en sus conferencias por el mundo. Además, integra el grupo que impulsa el proyecto “Gran Simio”, una propuesta de conceder a estos animales algunos de los derechos que resguardan a los seres humanos e impulsa el programa “Raíces y brotes”, que procura inculcar el respeto a todos los seres vivos en niños y adolescentes.

En su primer viaje a Latinoamérica, y de paso por Córdoba para recibir el título Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba, Goodall dialogó con Hoy la Universidad y U-Diversidades (un especial con la entrevista será emitido el viernes 30 de octubre, por Canal 10, a las 23). A continuación, la charla que mantuvo con los periodistas de ambos medios.

Usted no sólo observó habilidades cognitivas en los chimpancés, sino también rasgos de personalidad, sentido del humor y emociones. ¿Cómo fueron receptados estos descubrimientos en la comunidad científica internacional? ¿Son materia de controversia?

Inicialmente, cuando estuve un año y medio con los chimpancés, mi mentor Louis Leakey me advirtió que necesitaría un título para conseguir fondos. Me recomendó que aspirara directamente a un doctorado, porque no había tiempo para un curso de grado. Él arregló que fuese a la Universidad de Cambridge y fui la octava persona en la historia de esa institución en conseguir un doctorado sin título previo.

Al llegar allí me dijeron que había hecho mal todos mis estudios. Fue una sorpresa muy grande. Señalaban que hubiera sido más científico darle números a los chimpancés, en vez de concederles nombre. No se debía describir personalidades, mentes o emociones, porque en aquella época se pensaba que estos atributos eran exclusivos de la especie humana. Y me acusaron de un terrible antropomorfismo (atribuir comportamientos humanos a seres no humanos).

En aquel entonces, recordé a un docente de mi infancia, quien me había enseñado que todos los animales tenían su propia personalidad. Ese maestro fue mi perro Rusty. Gradualmente, la comunidad científica internacional llegó a entender que no existe una línea divisoria nítida entre los seres humanos y el resto del reino animal. Pero llevó mucho tiempo, y aún hoy existe resistencia de parte de algunos científicos. Quienes no están dispuestos a admitir que los animales tienen características de personalidad y sentimientos son aquellos que de alguna forma están involucrados en investigaciones invasivas. Y no sólo se trata de científicos, sino de mucha otra gente.

Todos los días existen muchísimos casos de abuso que involucran animales en todo el mundo, como la cría intensiva como fuente de comida, su uso en entretenimiento, la caza deportiva, y una lista muy extensa que uno podría citar

El hombre y los chimpancés comparten el 96 por ciento del ADN y un antepasado común hace siete millones de años. A partir de sus estudios, se sabe que estos primates están cerca de los humanos no sólo biológica, sino también socialmente. ¿Cuáles son las implicancias de estos descubrimientos, no sólo a nivel científico, sino moral y ético?

Los últimos trabajos sobre ADN indican que hay una semejanza de más del 98 por ciento. Se puede recibir sangre de un chimpancé y ellos pueden infectarse con todas nuestras enfermedades contagiosas, pero lo más interesante es que el cerebro de los chimpancés y los seres humanos son casi idénticos, aunque el de estos primates es un poco más chico.

Lo que me ha fascinado son los ejemplos de comportamiento inteligente de estos simios, tanto en la vida silvestre como en cautiverio. Pienso que los chimpancés evidencian diferencias culturales primitivas, porque su uso de herramientas varía según su zona. Es bastante obvio que los jóvenes chimpancés aprenden observando a los mayores y ésta es una de las definiciones del aprendizaje cultural, aquel que pasa de generación en generación. Demuestran un montón de comportamientos intelectuales que antes creíamos exclusivos de la especie humana.

chimp_piedra

Todo esto nos ayuda entender que los seres humanos no estamos separados del reino animal, sino que formamos parte de él. No somos los únicos seres con personalidad, mente y emociones. Cuando uno comprende que no existe una gran distinción entre los humanos y el resto de los animales comienza a dimensionar la poca ética que hay en nuestro comportamiento. La gran tragedia es que tampoco somos muy éticos en nuestro comportamiento con otros seres humanos.

El proyecto gran simio (Great Ape Project) plantea incluir a los antropoides no humanos en una comunidad de iguales, es decir, concederles una protección moral y legal similar a la que gozan los hombres. ¿Esta extensión de derechos sólo a los primates, no sería otra forma de antropocentrismo?

No se trata de extender todos los derechos humanos a los grandes simios, sino algunos básicos. En particular, el derecho a la libertad sin límites y el derecho a una vida sin torturas, entre otros, pero son muy específicos.

Por otra parte, pese a que hemos firmado una carta de derechos humanos, todavía siguen ocurriendo abusos de ellos diariamente en todo el mundo. Aunque una carta de derechos podría ser útil para los animales, mi intención es tocar la responsabilidad humana en cuanto a todos los derechos humanos y extenderlos a otros animales

¿Qué puede hacer el hombre común para proteger a los animales y detener los procesos de extinción de especies?

Depende de quién seas. Distintas personas pueden hacer diferentes cosas. Lo primero es descubrir qué pasa en realidad, luego hay varias posibilidades: contribuir con fondos para las organizaciones, trabajar en el campo por los derechos de los animales, ser voluntario en esas organizaciones, hacer lobby enviando cartas a legisladores y tratando de cambiar las leyes. Es más simple responder a un individuo solo porque él sabe hasta dónde llega su capacidad de influencia. Pero lo principal es no quedarse callado y hacer oír la voz propia.

Y es realmente importante escuchar a los opositores, saber qué piensan y conocer sus argumentos para poder combatirlos. El mundo no es blanco y negro y puede ser necesario trabajar paso a paso para llegar a la meta

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Esta entrada fue publicada el noviembre 9, 2009 por en Uncategorized.